Juan Mónaco cayó frente al español Feliciano López por 6-4 y 6-4 en la segunda ronda del torneo olímpico. En una actuación deslucida del tenis argentino, Nalbandian, en singles y en dobles junto con Schwank, Berlocq, Dulko y Suarez ya habían sido eliminados prematuramente y hoy fue el turno de Mónaco, número 10 del ránking mundial. A pesar de la excelente presentación que el tandilense había realizado en el estreno de su top ten, en la primera vuelta frente al belga Goffin, la volea y el juego ofensivo de Feliciano fueron demasiado. Pico tuvo sus chances en el primer set, en el que llegó a dominar por 4 a 1, sin embargo el español hilvanó 5 games consecutivos y se adjudicó el primer parcial. Un sólo quiebre bastó para repetir el marcador en la segunda manga. Las esperanzas del tenis argentino descansan ahora sobre Juan Martín Del Potro que enfrentará mañana a Gilles Simon por los octavos de final y que intentará, junto a Gisela Dulko, alcanzar una medalla en el dobles mixto.
martes, 31 de julio de 2012
Actualidad olímpica
Juan Mónaco cayó frente al español Feliciano López por 6-4 y 6-4 en la segunda ronda del torneo olímpico. En una actuación deslucida del tenis argentino, Nalbandian, en singles y en dobles junto con Schwank, Berlocq, Dulko y Suarez ya habían sido eliminados prematuramente y hoy fue el turno de Mónaco, número 10 del ránking mundial. A pesar de la excelente presentación que el tandilense había realizado en el estreno de su top ten, en la primera vuelta frente al belga Goffin, la volea y el juego ofensivo de Feliciano fueron demasiado. Pico tuvo sus chances en el primer set, en el que llegó a dominar por 4 a 1, sin embargo el español hilvanó 5 games consecutivos y se adjudicó el primer parcial. Un sólo quiebre bastó para repetir el marcador en la segunda manga. Las esperanzas del tenis argentino descansan ahora sobre Juan Martín Del Potro que enfrentará mañana a Gilles Simon por los octavos de final y que intentará, junto a Gisela Dulko, alcanzar una medalla en el dobles mixto.
miércoles, 11 de julio de 2012
Otra vez y para siempre Roger
Roger Federer se consagró campeón en Wimbledon al vencer por 4-6 7-5 6-3 6-4 al escocés Andy Murray y recuperó el número 1 del ránking.
17 grand slams. 7 veces ganador en Wimbledon. 286 semanas como número 1. No parece haber barrera que pueda detener el perfecto andar del suizo, del Sr.Tenis. Los récords se acumulan debajo de la raqueta de Federer que la próxima semana será el tenista que más tiempo haya sido número 1, superando finalmente a su ídolo Pete Sampras. Ha llegado a la sideral suma de 244 partidos ganados en los torneos grandes y el número amenaza con seguir agigantándose. Por otra parte, sólo 10 jugadores mayores de 30 años lograron consagrarse en alguno de los cuatro durante la era abierta y con casi 31, Roger se ha sumado también a ese club de élite. Se ha convertido en el séptimo jugador en ganar 7 veces el mismo grand slam después de Sampras y William Renshaw, (Wimbledon) Richard Sears, Bill Larned y Bill Tilden, (US Open) y Rafael Nadal (Roland Garros) pero sólo él y el español podrán seguir luchando por engrosar sus vitrinas. Será tiempo, al final de la era Federer, de cerrar cada uno de estos impensados números y de reescribir, casi a nuevo, todos los récords del tenis. Afortunadamente, la pila del perfecto reloj parece no agotarse jamás.
| Gran torneo para Andy también |
Un nuevo panorama se abre frente a los ojos del mundo del tenis de cara a los Juegos Olímpicos. Con un renovado ránking, más ajustado que la semana anterior, los Juegos pueden significar nuevos sismos en la cúspide. De vuelta el césped de Wimbledon recibirá a los tenistas pero esta vez los partidos serán a 3 sets y los colores de cada país invadirán la prolijidad y la tradición del All England Lawn Tennis & Cricket Club. El gran Roger, que persigue la aún esquiva medalla dorada, se perfila como gran favorito si repite la actuación de las semanas anteriores. Andy Murray y Novak Djokovic, ambos víctimas del suizo en la final y en la semi final de Wimbledon respectivamente, llegan también en un alto nivel y con posibilidades de vencer. La incógnita es Rafa Nadal que no pudo asentarse al pasto en lo que va de la temporada verde, pero que ha ganado el oro en Beijing y que ha sabido resurgir y dar batalla hasta en sus peores momentos.
| Número 1 |
jueves, 5 de julio de 2012
El caballero de la armadura de cartón
Perfil de Gastón Gaudio por Giuliano Delle Chiaie
Gastón
Gaudio es un
ex tenista argentino recordado por su memorable triunfo en la edición
2004 de
Roland Garros como así también por sus curiosos episodios de crisis
durante varios partidos a
lo largo de su carrera. Es uno de los tres singlistas masculinos de la
historia del país que ganó un Grand Slam, junto con Guillermo Vilas y
Juan Martín Del
Potro. Alcanzó la posición número 5 del ranking en abril de 2005 y se
mantuvo
entre los primeros 10 entre los años 2004 y 2006. Fanático del Club
Atlético
Independiente de Avellaneda, el Gato tuvo una relación de
amor-odio con el público argentino.
Insultado en el mismísimo Lawn Tenis Club de Buenos Aires en el año 2007
debido
a una pésima presentación condimentada con varios arranques de locura,
se
encuentra hoy más querido y admirado. De todos modos, sus seguidores
actuales, acostumbrados a sus usuales y simpáticas entrevistas,
parecen vincularse más con el Gaudio personaje que con el gran tenista
que fue.
Talentoso como pocos
en el circuito, comenzó su recorrido profesional en el año 96 y lo terminó
oficialmente en agosto de 2011, con 8 títulos ATP conquistados, incluido el
preciado Roland Garros. Imposible olvidar aquél torneo, previo a la hegemonía
del español Nadal, que definió ante Guillermo Coria. Una picante final
argentina que traía viejos capítulos de enfrentamientos dentro y fuera de la
cancha y que presentaba a un Coria completamente favorito, siendo en ese
momento el mayor especialista en polvo de ladrillo. Sin duda, esa tarde terminó
marcando la historia de estos dos jugadores para siempre. Comenzó como se
esperaba, un Coria implacable que borró a Gaudio de la Philippe Chatrier
con un contundente 6-0 inicial. El segundo set no varió mucho la escena. El Mago se quedó con el parcial por 6-3. Parecía estar todo terminado, pero
sorpresivamente el tercer set fue 6-4 para Gaudio, más alegre y relajado.
Algunos minutos después aparecieron los calambres en las piernas de Coria, y el
dramatismo y la tensión invadieron el court. El cuarto set fue 6-1 a favor del Gato que
parecía más cerca de la victoria; su rival difícilmente podía moverse y la
diferencia crecía. El quinto set fue una de las mejores películas de la
historia del deporte argentino. Culminó 8-6 para Gaudio, que cerró el torneo
con su famoso revés a una sola mano. Después de este increíble partido, Coria
nunca pudo rearmarse de la misma manera aunque tuvo un buen 2005 y la aparición
de Rafael Nadal terminó de sentenciar cualquier aspiración de los especialistas
en tierra naranja.
En otro vértice, la relación con la
Copa Davis no fue la mejor para Gastón. Después
de participar en los Juegos Olímpicos de Sidney 2000, con una olvidable
actuación que culminó ni bien empezó en la primera ronda, a manos del
bielorruso Vladímir Volchkov por 7-6 4-6
6-1, el argentino pasó un momento difícil en la Copa ambición del tenis argentino en el año 2003.
En España, Agustín Calleri venció al mejor Juan Carlos Ferrero y dejó la serie 2 a 2 con la chance de acceder
a la final. Pero Carlos Moyá lo venció categóricamente y abrió al camino a
críticas impiadosas. Ya en 2004, en su pico máximo de rendimiento, no pudo
representar al país en Atenas por una lesión en su talón, dejando en la columna
de sus deudas una buena actuación compitiendo para Argentina.
| Gaudio en Gradudados |
domingo, 24 de junio de 2012
Wimbledon 2008, la final de todos los tiempos
La final de Wimbledon 2008 fue el partido más espectacular de la historia para muchas personalidades relacionados al tenis, como por ejemplo el mediático John McEnroe. Era la tercera vez consecutiva que Roger Federer y Rafael Nadal se enfrentaban en el duelo decisivo en Londres. Las dos anteriores habían sido para el suizo pero esa vez fue el español quien se quedó con el título y la gloria por 6-4 6-4 6-7 6-7 y 9-7.
El video muestra el tiebreak del cuarto set. Simplemente fantástico. Con varios cambios de dirección y golpes mitológicos, se eleva al estado de imborrable para aquellos que pudieron disfrutar de él.
El set culminó con un tiebreak y yo saqué primero. El público que abarrotaba la Centre Court había perdido la compostura y una mitad gritaba «¡Roger! ¡Roger!» y la otra, «¡Rafa! ¡Rafa!» En el primer punto subí a la red por una vez y de inmediato sufrí las consecuencias, y recordé por qué lo hacía sólo esporádicamente. Federer me superó con comodidad con un golpe hacia mi derecha. Mal comienzo. Pero entonces tuve una racha asombrosa. Confiado, dueño de mi juego, gané los dos puntos de su servicio. Luego le di un poco de su propia medicina, le clavé un ace y, a continuación, otro primer servicio que no pudo restar. Ganaba yo 4-1.(...)
Le tocaba ahora servir a él y yo estaba más relajado de lo que sabía que estaría en el siguiente servicio, porque se lo había roto dos veces e iba por delante. (...) Me decía: «Cíñete al plan de juego, lánzale liftados (top) altos a su revés.» Pero en el siguiente punto eludió el revés y me lo ganó con un electrizante derechazo paralelo.
Cambiamos de lado cuando yo iba ganando 4-2. (...) El siguiente peloteo fue largo, quince disparos, los dos jugando con cautela, yo conteniendo el impulso, que habría sido suicida, de terminar de una vez con una derecha ganadora, y el punto terminó cuando Federer se puso nervioso antes que yo y un revés se le fue. Me permití un pequeño momento de celebración: un discreto puño al aire, controlado, a cámara lenta. Nada exuberante, nada que la multitud de la Centre Court pudiera ver, pero por dentro —no podía evitarlo— me sentía cerca, muy cerca de conseguirlo. Cuando saqué, ganando 5-2, tenía la impresión de tener el sueño de mi vida al alcance de la mano. Fue mi perdición.
Hasta entonces la adrenalina había vencido a los nervios; pero, de pronto, éstos estallaron. Me sentí al borde de un precipicio. Mientras botaba la bola antes de mi primer servicio, pensé: «¿Dónde se la coloco?» No debería haberlo meditado tanto. Debería haber sacado con un golpe abierto hacia su revés, como había estado haciendo todo el rato. Pero apunté recto, le di fuerte y la pelota botó fuera. Estaba ya muy nervioso. Había entrado en un territorio desconocido. Mientras lanzaba la bola al aire, me dije: «Peligro de doble falta: no la fastidies.» Pero sabía que iba a hacerlo. Estaba realmente tenso. Y, efectivamente, envié el segundo saque a la red, como un tonto. Los nervios me devoraban, pero la causa no era el miedo a perder; era el miedo a ganar.(...)
¿Qué significaba el miedo a ganar? Significa que, aunque sabes qué golpe tienes que jugar, las piernas y la cabeza no te responden. Los nervios se apoderan de ellas y no puedes esperar; no puedes aguantar. No era miedo a perder porque en ningún momento del partido pensé que no fuera a ser capaz de vencer. En ningún momento perdí la fe.
Pero mientras me disponía a sacar otra vez, con el marcador 5-3, la convicción desapareció. Perdí el valor. Porque, en vez de seguir jugando, en vez de borrar de mi cabeza el contratiempo de la doble falta, dejé que influyera en el siguiente saque. (...) fue un saque flojo, un cauteloso segundo servicio disfrazado de primero, un saque cobarde. Sí, ése es el calificativo exacto. Fue un momento de cobardía, que permitió a Federer pasar al ataque en el acto. Restó con un golpe en profundidad, se lo devolví corto, me envió otro golpe en profundidad y entonces fallé —un error garrafal—: Le di mal a la bola y mi revés se estrelló contra la red. No se había tratado ni mucho menos de un golpe imposible de devolver; si me la hubiera lanzado así diez veces, en nueve no habría habido ningún problema. Incluso habría podido responder con un golpe ganador. Pero tenía el brazo rígido, había perdido el ritmo y todo yo estaba descolocado. En vez de acompañar con convicción el movimiento del golpe, las piernas se me habían inmovilizado en el sitio, hechas un manojo de nervios.
Íbamos 5-4 y le tocaba sacar a él. La iniciativa era ahora de Federer. Su primer servicio fue genial, abierto, hacia mi derecha. Resté con un zarpazo corto y me clavó un golpe ganador. Pensé: «La he pifiado. Pero vamos 5-5 y todavía estoy en el tiebreak. Si gano un punto, este punto, estaré a uno de partido para ser campeón de Wimbledon. Igual la cago, pero voy a conseguir este punto.» Ah, pero Federer repitió entonces otro saque fenomenal y yo me vi casi perdido. Ahora era él quien tenía el punto de set y yo, quien servía. De pronto ya no estaba tan nervioso, tan preocupado por hacer doble falta. Me había apartado del precipicio. El miedo a ganar se había esfumado, me encontraba en una situación menos cómoda pero a la que estaba más acostumbrado: peleando para salvar el set. Estrellé el primer servicio en la red, pero ya no pensaba en la doble falta. Mi segundo saque fue un golpe decente y entablamos un largo peloteo en el que castigué su revés. Le envié un pelotazo abierto hacia su derecha, aunque algo corto, y allí vio él su oportunidad. Buscó una derecha ganadora y se le fue.
Volvimos a cambiar de lado. Como siempre, Federer se colocó en su sitio antes que yo. Yo tenía que secarme con la toalla, dar mis tragos de agua a las dos botellas. Luego me acerqué al trote a la línea de fondo. Conseguí por fin un primer servicio perfecto y nos enfrascamos en un fuerte peloteo en el que ambos golpeábamos con dureza y en profundidad, en su caso, en cierto momento, con demasiada profundidad. (...) Ahora yo tenía el punto de partido y servía él. Pero respondió como el gran campeón que es y me encajó otro de sus imparables servicios.
Íbamos 7-7 y el punto que siguió fue increíble. Fue mío. Tras un segundo saque en profundidad intercambiamos un par de golpes, me cañoneó con una derecha abierta y profunda hacia mi derecha, corrí por detrás de la línea de fondo, él se lanzó hacia la red y lo sobrepasé con un golpe bajo y paralelo. Un buen trallazo.
Volvía a estar con un punto de partido y por entonces era otra vez dueño de mis nervios. Pensé que merecía encontrarme donde me encontraba y que estaba a un paso de conquistar Wimbledon. Qué bobo. Realmente muy bobo. Fue uno de los pocos, poquísimos momentos de mi carrera en que pensé que había ganado antes de ganar. La emoción pudo más que yo y olvidé la regla de oro que hay que obedecer en tenis más que en cualquier otro deporte: que nada termina hasta que se acaba.
El marcador decía 8-7 y yo tenía punto de partido y el servicio. Hice exactamente lo que tenía que hacer, sacar abierto hacia su revés. Su resto se le quedó corto, a mitad de pista, y entonces, exactamente entonces, fue cuando, por primera vez en mi vida profesional, al acercarme para golpear la bola, antes de tocarla, me sentí pletórico y con la eufórica certeza de que la victoria era mía. Le envié una derecha hacia su revés y corrí a la red, creyendo que iba a fallar o a devolverme la pelota con un golpe flojo y que yo lo machacaría sin problemas. No fue así. Me endosó un revés sensacional en paralelo al que no llegué. He repasado ese punto en mi cabeza muchísimas veces. Lo tengo grabado en el vídeo de la memoria.
¿Qué otra cosa habría podido hacer? Tal vez golpear la pelota con más fuerza y profundidad, o enviarla hacia su derecha. Pero ni siquiera ahora creo que esto último hubiera sido lo indicado. (...) Para ser justos, propinó un golpe realmente fantástico en un momento en que tenía sobre sí una gran presión. En el punto anterior yo había dado el mejor golpe del partido y él había respondido de inmediato con otro equivalente. Sólo más tarde, cuando todo terminó, fui capaz de reflexionar y concluir que aquella final de Wimbledon fue especial a causa de momentos como los descritos, que fueron los más dramáticos.
Aquel golpe ganador le dio un subidón. Me hizo sudar la gota gorda en el punto siguiente, pues golpeó con una confianza terrible y ganó con una derecha cruzada a la que ni siquiera llegué. Estábamos 9-8 en el tiebreak y él servía. Su primer pelotazo botó fuera del cuadro de saque y gran parte del público lanzó un «¡Aaaah!» de decepción muy poco frecuente. No querían que terminara el partido, querían un quinto set. Y lo tuvieron. Mi resto a su segundo servicio también salió fuera y fue entonces cuando de verdad quedamos igualados. Dos sets a dos, a todos los efectos 0 iguales."
El video muestra el tiebreak del cuarto set. Simplemente fantástico. Con varios cambios de dirección y golpes mitológicos, se eleva al estado de imborrable para aquellos que pudieron disfrutar de él.
El siguiente fragmento es extraído del libro "Rafa, Mi historia", escrito por Nadal junto con el periodista John Carlin. Cuenta con lujo de detalle cada momento de ese tiebreak, cada sensación, cada pensamiento que se cruzó por la cabeza del español. Una invitación a navegar por una de las mentes más fuertes del circuito:
"Desde el punto de vista de la calidad de juego, el cuarto set fue quizás el mejor que disputamos en aquella final. Los dos estábamos al cien por cien, terminábamos los largos peloteos con un golpe ganador tras otro y cometíamos pocos errores. Yo siempre iba un juego por delante porque saqué el primero, de modo que cuando le tocaba servicio a Federer se limitaba a no rezagarse, algo que consiguió todas las veces. Que nadie diga nunca que Federer no es un luchador.
Le tocaba ahora servir a él y yo estaba más relajado de lo que sabía que estaría en el siguiente servicio, porque se lo había roto dos veces e iba por delante. (...) Me decía: «Cíñete al plan de juego, lánzale liftados (top) altos a su revés.» Pero en el siguiente punto eludió el revés y me lo ganó con un electrizante derechazo paralelo.
Cambiamos de lado cuando yo iba ganando 4-2. (...) El siguiente peloteo fue largo, quince disparos, los dos jugando con cautela, yo conteniendo el impulso, que habría sido suicida, de terminar de una vez con una derecha ganadora, y el punto terminó cuando Federer se puso nervioso antes que yo y un revés se le fue. Me permití un pequeño momento de celebración: un discreto puño al aire, controlado, a cámara lenta. Nada exuberante, nada que la multitud de la Centre Court pudiera ver, pero por dentro —no podía evitarlo— me sentía cerca, muy cerca de conseguirlo. Cuando saqué, ganando 5-2, tenía la impresión de tener el sueño de mi vida al alcance de la mano. Fue mi perdición.
Hasta entonces la adrenalina había vencido a los nervios; pero, de pronto, éstos estallaron. Me sentí al borde de un precipicio. Mientras botaba la bola antes de mi primer servicio, pensé: «¿Dónde se la coloco?» No debería haberlo meditado tanto. Debería haber sacado con un golpe abierto hacia su revés, como había estado haciendo todo el rato. Pero apunté recto, le di fuerte y la pelota botó fuera. Estaba ya muy nervioso. Había entrado en un territorio desconocido. Mientras lanzaba la bola al aire, me dije: «Peligro de doble falta: no la fastidies.» Pero sabía que iba a hacerlo. Estaba realmente tenso. Y, efectivamente, envié el segundo saque a la red, como un tonto. Los nervios me devoraban, pero la causa no era el miedo a perder; era el miedo a ganar.(...)
¿Qué significaba el miedo a ganar? Significa que, aunque sabes qué golpe tienes que jugar, las piernas y la cabeza no te responden. Los nervios se apoderan de ellas y no puedes esperar; no puedes aguantar. No era miedo a perder porque en ningún momento del partido pensé que no fuera a ser capaz de vencer. En ningún momento perdí la fe.
Pero mientras me disponía a sacar otra vez, con el marcador 5-3, la convicción desapareció. Perdí el valor. Porque, en vez de seguir jugando, en vez de borrar de mi cabeza el contratiempo de la doble falta, dejé que influyera en el siguiente saque. (...) fue un saque flojo, un cauteloso segundo servicio disfrazado de primero, un saque cobarde. Sí, ése es el calificativo exacto. Fue un momento de cobardía, que permitió a Federer pasar al ataque en el acto. Restó con un golpe en profundidad, se lo devolví corto, me envió otro golpe en profundidad y entonces fallé —un error garrafal—: Le di mal a la bola y mi revés se estrelló contra la red. No se había tratado ni mucho menos de un golpe imposible de devolver; si me la hubiera lanzado así diez veces, en nueve no habría habido ningún problema. Incluso habría podido responder con un golpe ganador. Pero tenía el brazo rígido, había perdido el ritmo y todo yo estaba descolocado. En vez de acompañar con convicción el movimiento del golpe, las piernas se me habían inmovilizado en el sitio, hechas un manojo de nervios.
Íbamos 5-4 y le tocaba sacar a él. La iniciativa era ahora de Federer. Su primer servicio fue genial, abierto, hacia mi derecha. Resté con un zarpazo corto y me clavó un golpe ganador. Pensé: «La he pifiado. Pero vamos 5-5 y todavía estoy en el tiebreak. Si gano un punto, este punto, estaré a uno de partido para ser campeón de Wimbledon. Igual la cago, pero voy a conseguir este punto.» Ah, pero Federer repitió entonces otro saque fenomenal y yo me vi casi perdido. Ahora era él quien tenía el punto de set y yo, quien servía. De pronto ya no estaba tan nervioso, tan preocupado por hacer doble falta. Me había apartado del precipicio. El miedo a ganar se había esfumado, me encontraba en una situación menos cómoda pero a la que estaba más acostumbrado: peleando para salvar el set. Estrellé el primer servicio en la red, pero ya no pensaba en la doble falta. Mi segundo saque fue un golpe decente y entablamos un largo peloteo en el que castigué su revés. Le envié un pelotazo abierto hacia su derecha, aunque algo corto, y allí vio él su oportunidad. Buscó una derecha ganadora y se le fue.
Volvimos a cambiar de lado. Como siempre, Federer se colocó en su sitio antes que yo. Yo tenía que secarme con la toalla, dar mis tragos de agua a las dos botellas. Luego me acerqué al trote a la línea de fondo. Conseguí por fin un primer servicio perfecto y nos enfrascamos en un fuerte peloteo en el que ambos golpeábamos con dureza y en profundidad, en su caso, en cierto momento, con demasiada profundidad. (...) Ahora yo tenía el punto de partido y servía él. Pero respondió como el gran campeón que es y me encajó otro de sus imparables servicios.
Volvía a estar con un punto de partido y por entonces era otra vez dueño de mis nervios. Pensé que merecía encontrarme donde me encontraba y que estaba a un paso de conquistar Wimbledon. Qué bobo. Realmente muy bobo. Fue uno de los pocos, poquísimos momentos de mi carrera en que pensé que había ganado antes de ganar. La emoción pudo más que yo y olvidé la regla de oro que hay que obedecer en tenis más que en cualquier otro deporte: que nada termina hasta que se acaba.
El marcador decía 8-7 y yo tenía punto de partido y el servicio. Hice exactamente lo que tenía que hacer, sacar abierto hacia su revés. Su resto se le quedó corto, a mitad de pista, y entonces, exactamente entonces, fue cuando, por primera vez en mi vida profesional, al acercarme para golpear la bola, antes de tocarla, me sentí pletórico y con la eufórica certeza de que la victoria era mía. Le envié una derecha hacia su revés y corrí a la red, creyendo que iba a fallar o a devolverme la pelota con un golpe flojo y que yo lo machacaría sin problemas. No fue así. Me endosó un revés sensacional en paralelo al que no llegué. He repasado ese punto en mi cabeza muchísimas veces. Lo tengo grabado en el vídeo de la memoria.
¿Qué otra cosa habría podido hacer? Tal vez golpear la pelota con más fuerza y profundidad, o enviarla hacia su derecha. Pero ni siquiera ahora creo que esto último hubiera sido lo indicado. (...) Para ser justos, propinó un golpe realmente fantástico en un momento en que tenía sobre sí una gran presión. En el punto anterior yo había dado el mejor golpe del partido y él había respondido de inmediato con otro equivalente. Sólo más tarde, cuando todo terminó, fui capaz de reflexionar y concluir que aquella final de Wimbledon fue especial a causa de momentos como los descritos, que fueron los más dramáticos.
Aquel golpe ganador le dio un subidón. Me hizo sudar la gota gorda en el punto siguiente, pues golpeó con una confianza terrible y ganó con una derecha cruzada a la que ni siquiera llegué. Estábamos 9-8 en el tiebreak y él servía. Su primer pelotazo botó fuera del cuadro de saque y gran parte del público lanzó un «¡Aaaah!» de decepción muy poco frecuente. No querían que terminara el partido, querían un quinto set. Y lo tuvieron. Mi resto a su segundo servicio también salió fuera y fue entonces cuando de verdad quedamos igualados. Dos sets a dos, a todos los efectos 0 iguales."
viernes, 22 de junio de 2012
Wimbledon ya tiene cuadro
Por Giuliano Delle Chiaie
Se sorteó el cuadro de Wimbledon y, nuevamente, la parte superior será compartida por Novak Djokovic y Roger Federer y la parte inferior contará con Andy Murray y Rafael Nadal.
Novak Djokovic comenzará su defensa del título contra Juan Carlos Ferrero, ex campeón de Roland Garros y número 1 del mundo en 2003, en un posiblemente incómodo primer juego. A su vez, Roger Federer debutará frente al español Albert Ramos en la búsqueda de su séptimo Wimbledon. Junto con ellos en la parte superior del draw estarán los argentinos Juan Mónaco y Leonardo Mayer, que serán rivales en primera ronda, Juan Ignacio Chela, Carlos Berlocq y David Nalbandian. El cordobés tendrá como oponente inicial al octavo precasiflicado, Janko Tipsarevic, debido a que no pudo ingresar con un ránking lo suficientemente alto como para evitar rivales de talla en las primeras rondas. La descalificación que sufrió en la final de Queen´s la última semana ocasionó que no se le computaran los puntos de ese torneo, con los que hubiera logrado sortear esta situación. De todos modos, el historial es favorable a Nalbandian por 2 a 1 y no sería sorprendente verlo llegar a la segunda semana. Por otra parte, el checo Tomas Berdych, número 6 de la clasificación y finalista de este torneo en 2010, asoma como otro animador de este sector de la grilla y podría cruzarse con Djokovic en cuartos de final.
En el cuadro inferior, Rafael Nadal abrirá su torneo frente al zurdo brasileño Thomas Bellucci, y, en caso de ganar, podría enfrentarse al croata Ivan Dodig quien fuera su verdugo en Montreal al año pasado. Su camino podría también cruzarse con alguno de los alemanes Tommy Haas, campeón reciente en Halle (ver Verdes Sorpresas) o Philipp Kohlschreiber, quien venciera al español en el mismo torneo la semana pasada. En el lejano horizonte de los cuartos de final podría asomar el temible Jo-Wilfried Tsonga, quien debutará frente a Lleyton Hewitt. Por su parte, el escocés Andy Murray tendrá, a priori, la porción más dura del draw. Con Nikolay Davydenko, no tan antiguo ex 3 del mundo, como primer escollo, intentará abrirse camino para ganar su primer grand slam y en su casa, donde desde 1936 (Fred Perry) no celebra un británico. Juan Martín Del Potro, el mejor argentino del momento, empezará el recorrido enfrentando al duro holandés Robin Haase y podría verselas con David Ferrer en unos supuestos octavos de final. El canadiense Milos Raonic, la sensación del circuito, también estará en esta área del cuadro poniendo primera frente a Santiago Giraldo.
Se aproxima un torneo apasionante que promete partidos intensos desde las primeras jornadas. La ceremonia más importante del tenis está a punto de comenzar. ¿Quién se quedará con la gloria y escribirá su nombre en el eterno trofeo?
Para ver el cuadro completo haz click aquí
Ante cualquier inconveniente con el link, no dudes en consultar.
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